Benito Juárez y una princesa gringa

29.08.22 - Edna María Orozco

Benito Juárez y una princesa gringa

Edna María Orozco

Benito Juárez, óleo de Pelegrín Clave 1861-1862.
@CNCA INAH

Agnes Elisabeth Winona1 Leclerc Joy, de procedencia norteamericana, era por decir lo menos una mujer singular. Por sus venas corría sangre de los Sioux y era prima del presidente Abraham Lincoln, extraordinaria jinete, bella, aventurera y tenaz. Aquella mañana se paseaba, junto con su perro Jimmy, por los jardines de una hermosa quinta ubicada en Tacubaya, propiedad de un antiguo cónsul, el general mexicano Federico Hule. Corría el mes de marzo de 1867 y en esos momentos se vivían los estertores del efímero imperio de Maximiliano. 

La mujer, había contraído nupcias con el príncipe Félix de Salm Salm, quien había participado en la guerra de Secesión norteamericana, a pesar de la fama que le precedía en su país de origen de indisciplina, despilfarro y otras lindezas2, pero con auténtica vocación por los asuntos castrenses. La inactividad fastidiaba al matrimonio, de manera que consiguieron varias cartas de recomendación, incluyendo la del presidente norteamericano Andrew Johnson3, con la finalidad de ponerse al servicio del segundo imperio mexicano. Ninguno de los dos tenía idea de lo que estaba por venir. 

 Maximiliano se había ido quedando sólo. Las armas mexicanas y los famosos chinacos4 no permitieron que el ejército francés, considerado el mejor del mundo en aquellos tiempos, sometiera la totalidad del territorio. Por otro lado, Francia estaba amenazada por Prusia, lo que impulsó a Napoleón III a retirar sus tropas. 

En aquellos días aciagos, las relaciones entre Félix y Maximiliano se estrecharon, de suerte que lo acompañó a la ciudad de Querétaro5

Para Inés la situación se había vuelto insostenible. Los rumores de victorias y derrotas de ambos bandos se esparcían por la Ciudad de México y las poblaciones aledañas.

Princesa de Salm Salm, autor desconocido

Durante los últimos tres días había tenido terribles pesadillas y estaba segura que eran un anuncio de lo que estaba por venir. Veía a su “…marido luchar con la muerte y le oí llamar mi nombre. Por todas partes se batían con furia, todo estaba envuelto en tinieblas, y los relámpagos se cruzaban.”6 

La intrépida mujer empezó a urdir un plan para salvar la situación. Logró llegar a Chapultepec y entrevistarse con el coronel León a quien se refirió de la siguiente manera: “Le dije que estando en gran cuidado por la situación del Emperador y de mi marido, quería ir á Méjico, con el fin de influir para con los jefes estranjeros á que se rindieran á Porfirio Diaz, si éste último se obligaba á garantizar la vida del Emperador y de los oficiales estranjeros, en caso que cayeran presos.”7 La princesa gringa, con el aire de superioridad que caracteriza a los europeos y norteamericanos, creía que tenía en sus manos el destino de una guerra. 

En efecto, logró entrevistarse con Porfirio Díaz y después de innumerables peripecias, llegó a Querétaro, donde entró en contacto con su marido y Maximiliano. Urdió proyectos de fuga intentando sobornar a soldados liberales que la delataron. En él colmo de la desesperación logró entrevistarse con Benito Juárez en San Luis Potosí. 

Manuel de Ocaranza La denegación del perdón a Maximiliano8

Después de muchas súplicas logró que el presidente la recibiera y ahí tuvo lugar la famosa escena que describe la princesa:

“Eran las ocho de la noche, cuando fui a ver al Sr. Juárez quien me recibió al momento. Estaba muy pálido y parecía padecer mucho. Con labios temblorosos imploré la vida del Emperador, o al menos una suspensión de la ejecución." 

El presidente dijo: “que no podía conceder ninguna suspensión, para no prolongar su agonía, que debía morir a la mañana del día siguiente:” Al oír estas palabras terribles, no pude dominar mi dolor. Temblando y sollozando caí de rodillas. Rogaba con ardientes palabras que provenían del corazón, y que en este momento no recuerdo. El presidente hizo esfuerzos para alzarme; mas abarqué sus rodillas y no quise levantarme, hasta que no me concediera la vida del Emperador. Pensé que debía ganársela luchando. Vi qué el Presidente estaba conmovido: tanto él, como el señor Iglesias, tenían los ojos humedecidos de lágrimas. Me dijo con voz baja y triste: “Me causa verdadero dolor, señora, el verla así de rodillas; mas aunque todos los reyes y todas las reinas estuviesen en vuestro lugar, no podría perdonarle la vida. “No soy yo quien se la quita; es el pueblo y la ley que piden su muerte; si yo no hiciese la voluntad del pueblo, entonces éste se la quitaría” ¡Oh! exclamé desesperada, si ha de correr sangre, entonces tomad mi vida, la vida de una mujer inútil; y perdonad la de un hombre que puede hacer aún mucho bien en otro país. 9

La princesa no logró salvar la vida del emperador, pero sí la de su marido. El matrimonio siguió sus aventuras en Europa y ella fue condecorada con la Medalla de Honor Prusiana, pero esa es otra historia.

  • 1  Winona significa “la primogénita” en el lenguaje de los Sioux Dakota.
  • 2  Australia, Gerardo, “Historias para contar”, Voces México, https://vocesmexico.com/opinion/la-princesa-soldado/ 
  • 3  Asumió el poder tras el asesinato de Abraham Lincoln.
  • 4  Se conoce como chinaco a hombres y mujeres que desde la época de la Independencia lucharon defendiendo especialmente la causa liberal, aunque también lo hicieron del lado conservador. https://memoricamexico.gob.mx/es/memorica/Chinacos 
  • 5  Salm Salm, Félix, Mis memorias sobre Querétaro y Maximiliano, Traducida del inglés por Eduardo Gibbon y Cárdenas, México, Tipografía de Tomás F. Neve, 1869, p 16.
  • 6  Querétaro, Apuntes del diario de la princesa Inés de Salm Salm, traducción del alemán por E. B. de B, México establecimiento tipográfico de Tomás R. Neve, 1896, p 5. 
  • 7  Ibidem p. 5.
  • 8  Acevedo, Esther, “Entre la ficción y la historia: La denegación del perdón a Maximiliano”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. 23, México, UNAM, marzo-mayo de 2001. En este texto se hace una exhaustiva investigación a todos los personajes que aparecen. Ninguno quedó satisfecho.
  • 9  Ibidem p. 53

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