Edna María Orozco
En el mundo de los espíritus se encuentran Madero y Villa; el primero viene comiendo frutos secos y Pancho saborea una malteada de fresa. El presidente se acerca cariñoso y le dice a su tocayo: Mire cómo son las cosas del mundo, a mi me llaman “El apóstol de la Democracia” y a usted “El Centauro del Norte”. Sí, me cuadra lo de centauro, responde Villa, eso de ser mitad hombre y mitad caballo no está mal. Y, además, lo interrumpe el primero ¡es el mexicano más famoso del mundo! Lo sé de buenas fuentes. A usted le gustaba andar dando entrevistas, firmó un contrato de veinticinco mil dólares con la Mutual Film y hasta fue actor de cine.1
Con todo respeto Maderito, usted no cantaba mal las rancheras, mire: escribió su librito2, siempre andaba publicando periódicos, le envió una carta al gabacho Hearts3, hablándole de la importancia de la prensa. Y a poco ¿ya se olvidó que le dio permiso a la compañía Larín para que utilizara su nombre y su imagen en los dulces y chocolates?4 Los tocayos sueltan la carcajada y Villa le dice: Si viviéramos en 2022 usted Maderito sería el rey de la república de Twitter, tendríamos nuestros Facebook al día, seríamos youtubers con más de un millón de seguidores… ¡Cállate Pancho, siempre has sido un bárbaro!

Después de un momento Villa le pregunta al presidente: ¿No se arrepiente de haberme regalado ese revólver tan elegante? Acuérdese cómo discutimos cuando tomamos Ciudad Juárez en mayo de 1911.6 Sí, bien que me acuerdo, musita el presidente con un dejo de tristeza en la voz. Yo no quería derramamiento de sangre, no deseaba cargar con muertos en mi consciencia y, sin embargo, las condiciones me obligaron. Cuando Porfirio Díaz no quiso reconocer el triunfo electoral, agotamos todas las instancias legales y el viejo no cedió, de suerte, que no tuve más remedio que redactar el plan de San Luis y llamar a las armas. Tú fuiste de los primeros que se levantó en noviembre de 1910, pero Ciudad Juárez, frontera con los gringos era un problema que debía sopesarse con mucha cautela, pues bala que cayera en su territorio podía desatar la intervención. Acuérdate que desde febrero los soldados americanos estaban haciendo guardia7, además una gran cantidad de reporteros y una muchedumbre de ambas nacionalidades esperaban ansiosos que empezaran los enfrentamientos, como si fueran a ver un partido de futbol, ese deporte tan famoso ahora, y complicaban más la situación.
El presidente quedó un momento en silencio y continuó: tan sólo en seis meses, gracias a hombres como tú, y al general Pascual Orozco, Villa lo interrumpe: ¡No me miente a ese traidor! Flaco desgraciado, siempre con su corbatita y su cara avinagrada, a poco no se enteró que por esos días andaba queriendo desertar y cuando su madre se enteró le dijo “Cuidado cómo tú haces lo mismo que esos sinvergüenzas. Tú cumples con tu palabra o no vuelves a decir que soy tu madre”.8
El presidente se quedó azorado, pero Villa continuó: yo estaba muy molesto por la firma de los mentados Tratados de Ciudad Juárez9 , y ya conoce mi carácter. El centauro inclina la cabeza avergonzado, y a pesar que yo lo respetaba y quería, me presté con el desgraciado de Orozco a poner su autoridad en entredicho ¡Calla Pancho, calla! ¿Se te olvida que al día siguiente de la trifulca con Orozco me pediste que te fusilara, porque no merecías vivir después de ese arrebato?10 No vuelvas a decir eso. A Villa se le rasaron los ojos y el apóstol le dio un reconfortante abrazo. Los dos Panchos continuaron platicando y se alejaron del lugar, apenas se escuchó la voz de Pancho decir: los mexicanos y mexicanas tenemos vocación de ser libres.

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