Edna María Orozco

La noche era fría y el aire azotaba las ventanas de un salón iluminado por luces tenues. En el interior, un pequeño grupo de mujeres y varones estaban sentados alrededor de una mesa tomados de las manos, mientras fijaban su atención en las palabras que murmuraba una mujer. Después de un espasmo la dama calló y salió del trance. Pasear por el mundo de los espíritus la dejaba exhausta. Jean Elizabeth Lecki, la médium, estaba casada con Sir Arthur Conan Doyle, el famoso creador del detective Sherlock Holmes.
Bien dicen que la Historia supera la ficción y estas líneas son una prueba. Conan Doyle se había interesado en asuntos espiritistas antes de contraer segundas nupcias con Jean, al año del fallecimiento de su primera consorte. El creador del famoso detective Sherlock Holmes, caracterizado por su capacidad de observación, estudió la carrera de Medicina y se especializó en Oftalmología, de ahí que Holmes utilice frecuentemente una lupa. Durante sus años de estudiante en la Universidad de Edimburgo, conoció al médico forense Joseph Bell, éste “conminaba a sus alumnos a inferir la mayor cantidad de información personal posible de sus pacientes a partir de los detalles más nimios que se hallaban a la vista.” 1

El interés de Conan Doyle no solo se quedó en la mera participación en sesiones espiritistas sino en estudiar a fondo la historia del espiritismo. De ese interés apareció un libro que en sus primeras páginas señala:
“Ciertamente, es curioso que ese movimiento, que muchos consideramos como el más importante de la historia del mundo desde el episodio de Jesucristo, no haya tenido un historiador entre los hombres que en él figuran, dotado de una amplia experiencia personal acerca de su desarrollo.” 2
Prosigue escudriñando la obra del vidente sueco Manuel Swedenborg, a quien reconoce como el padre de los fenómenos sobrenaturales. Después de hacerle severas críticas sobre su versión de la Biblia, nos regala una perla de esperanza:
“Los que abandonan este mundo, viejos, decrépitos, enfermos o deformados, renuevan su juventud y recobran gradualmente su pleno vigor. Los casados continúan juntos si sus sentimientos mutuos siguen siendo inalterables. En caso contrario, el matrimonio queda disuelto. «Dos amantes que se adoran no quedan separados por la muerte de uno de ellos ya que el espíritu del fallecido habita junto al espíritu del superviviente, y cuando ambos vuelven a encontrarse se reúnen amándose más tiernamente que antes».3

Mientras esto sucedía en la brumosa Inglaterra, del otro lado del océano, el presidente Abraham Lincoln está preocupado por el curso de la guerra. Los gringos sureños están empeñados no solo en mantener la esclavitud sino en expandirla, mientras los estados norteños se oponen y defienden la constitución.
La esposa del mandatario, Mary Todd Lincoln había perdido dos hijos en el frente y recurrió al espiritismo, para aliviar el dolor de los jóvenes caídos. La situación era tan grave y el presidente estaba tan angustiado, con el desarrollo de la guerra que, en abril de 1863, decidió llevar a cabo una sesión en “el salón rojo de la Casa Blanca. A ésta asistieron Mary Todd, dos miembros del gabinete, un médium llamado Charles E. Shockle y el reportero de “Boston Gazette”, Prior Melton. A lo largo de la sesión, Lincoln pidió a los espíritus que le ayudaran a guiarlo en asuntos políticos. Posteriormente, Melton informó sobre los procedimientos mediante un artículo que se publicó en el diario.”5
Se ha especulado mucho desde esa época sobre esta sesión. Los historiadores han buscado reconstruir los hechos y no logran juntar todas las piezas del rompecabezas. Lo más curioso es que la Casa Blanca no niega aquella sesión.

Los mexicanos también contamos con un presidente espiritista que no contó con la benevolencia del gringo. Me refiero a Francisco Ignacio Madero que no escondía su práctica. Cuando estudió en Francia se topó con el espiritismo y participó en muchas sesiones. Varias médiums le aseguraron que tenía facultades como escribiente, es decir, los espíritus le dictarían sus conocimientos. De regreso a México empezó a desarrollar su talento para entrar en contacto con esa dimensión. Su primera comunicación fue “Ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, esta sentencia le causó honda impresión”6.
Por fortuna se han preservado y publicado los textos que redactó como médium. Aquí un ejemplo:
“Monterrey, enero 7/1902 Queridos papá y hermano7: Quería hablar con ustedes para decirles que deben de pensar seriamente cómo aliviar un poco al pobre pueblo de San Pedro en que la falta de trabajo ha causado tanta miseria. Ya con el comedor público que han ayudado a sostener han causado un gran alivio a los pobres que no pueden trabajar, pero a los que sí lo pueden hacer y que no lo consiguen, a esos, ¿qué han hecho por ellos? Ustedes creen que su obligación en este mundo es hacer bien, pues bien, entonces, ¿por qué no se preocupan en cumplir con sus obligaciones? Ustedes que son espiritistas saben perfectamente que si Dios les ha dado una gran fortuna no es para que satisfagan con ella todas sus necesidades reales y ficticias, digo ficticias porque muchas cosas que creen ustedes necesarias, lo son porque su vanidad se las ha impuesto, pero realmente son superfluas y ustedes deben de saber que a nadie le está permitido tener lo superfluo cuando hay quien falta de lo necesario.”8
De nada le sirvieron todos los apoyos del más allá. El ejército y la prensa asesinaron al hombre cuyo pecado fue instaurar la democracia. Con su muerte el pueblo se levantó en armas y los campos se cubrieron de sangre. Los implicados fueron el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, Victoriano Huerta, ambos alcohólicos, Manuel Mondragón, Bernardo Reyes y Félix Díaz, el “sobrino del tío”9 yacen en el basurero de la historia. Madero, en cambio, es recordado como el apóstol de la democracia.
Hace muchos años, durante una excursión de Mercurio, conocí a una muchacha y rápidamente entablamos una larga conversación sobre nuestras venturas y desventuras. A los pocos días me invitó a su casa ya que teníamos hijos de edades similares. Antes de llegar, tuve que detenerme en una juguetería, porque había prometido a mi entonces pequeño hijo comprarle un regalo en el remoto caso que llegara con buenas notas. Para mi sorpresa había logrado lo que parecía imposible.
Los niños no entienden de finanzas y me exigía una bicicleta o un tren eléctrico. Imposible, pensé para mis adentros, mientras recorríamos los pasillos. De pronto, apareció una ouija a un precio razonable y lo convencí de que era una tabla mágica que podía hablarnos del futuro. Se quedó asombrado y la compramos.
Conversando con mi flamante amiga le conté el suceso y le pregunté:
- ¿A ti se te mueve este aparato?
-Sí, pero no siempre, me respondió.
Los niños jugaban entretenidos en un pequeño jardín y nosotras estrenamos el regalo. Me pidió que invocara a un espíritu al que hubiese querido mucho. Pensé inmediatamente en mi abuelo materno que tenía poco de fallecido y volví a escuchar su risa, recordé algunos de los cuentos que nos narraba, los caramelos, el “domingo” y las nieves de limón. Él me enseñó las primeras pisadas de la guitarra y con mi hermana cantábamos canciones del siglo xix, mientras el nos acompañaba con el violín… Mis recuerdos volvieron a traerlo y sus carcajadas me llenaron de gozo, pero también de melancolía.
Mi amiga me advirtió:
-Tienes que tomarlo en serio para que funcione
-Está bien, le respondí.
Nos sentamos frente a frente y, con suavidad, colocamos los dedos sobre el cursor. La tabla empezó a recorrer el alfabeto. Para mi asombro escribió: “hija papeles casa”. Me quedé estupefacta. Solté la tabla y por unos momentos estuve muda. El mensaje lo entendí perfecto. Había estado demorando una diligencia importante para la compra de un departamento. Al día siguiente la realicé y me dije: eres una idiota, tiene que venir una voz del más allá para que enfrentes los trámites burocráticos que han inventado los hombres para torturarnos. No volví a tocar la ouija. Y ustedes ¿han jugado con ella?

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